Está quieto. Quieto y sentado. Quieto, sentado y pensando. Pensando en lo que podría ser, pasar mientras revuelve su brebaje escocés al estilo de fuerza centrífuga generando un óvalo imaginario. La oscuridad se habia apoderado de la sala, de la casa, de ése barrio de casas bajas, de la ciudad. Ya nada podía evitar ése descenlace tan temido por aquél hombre, recordando aquella vez en que era felíz, en aquél parque. Con ella. Su amada mujer que de blanco vestía en esa calurosa tarde de verano de 1985. Pero ahora su realidad, su vida, es diferente. Su media naranja está leyendo el Sky News y la Vanity Air junto con Napoleón Bonaparte, John Lennon -hasta incluso Mahatma Gandhi-. Llegó el día en que se acabaron los momentos felices para Tom. Ruido ensordecedor. Tinta roja sobre la ventana del estudio. Calibre .38 al suelo y su vida de pronto se había solucionado, cual problema matematico cuya variable es absoluta. Es su fin y su comienzo.
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